
En Suiza, la empresa Algordanza recibe cada mes entre 40 y 50 urnas funerarias procedentes de todo el mundo, que luego serán convertidas en piedras preciosas.
“Quinientos gramos de cenizas bastan para hacer un diamante, en tanto que el cuerpo humano deja una media de 2,5 a 3 kg después de la cremación”, explica Rinaldo Willy, uno de los co-fundadores del laboratorio, donde las máquinas funcionan 24 horas al día sin interrupción. Cada difunto puede generar unos 5 diamantes, para poderlos distribuir entre toda la familia.
Primero convierten a presión el carbono en grafito. Luego son expuestos a 1.700 ºC, que lo transforman en diamantes artificiales
El color varía del azul oscuro hasta casi blanco. “Es un reflejo de la personalidad”, comenta Willy. ¡La personalidad por color!
Una vez obtenido, el diamante bruto se pule y talla en la forma deseada por los familiares del fallecido, para después poder usarlo en un anillo o en un collar.
El precio oscila entre 2.800 y 10.600 euros según el peso de la piedra (de 0,25 a 1 quilate), lo que, según Willy, vale la pena ya que por ejemplo, en Alemania, un entierro completo cuesta 12,000 euros y así en USA.
La industria del “diamante humano” está en plena expansión, con empresas instaladas en España, Rusia, Suiza, Ucrania y Estados Unidos.
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Esta entrada fue publicada el 18 enero 2012 a las 4:03 y archivada bajo DIAMANTE HUMANO con etiquetas DIAMANTE HUMANO. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través del feed RSS 2.0
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